En mi juventud México solía ser el país iberoamericano de vanguardia por excelencia. A pesar de tener un gobierno de partido único, México marcó la pauta en muchos aspectos a partir de la conclusión de la revolución de 1910. A pesar de la consabida cultura de la corrupción y del autoritarismo, el país no padecía de los consuetudinarios golpes de estado de la región. Este contexto permitió que se forjara un acuerdo tácito entre los principales actores de la oligarquía político-empresarial –en adelante la “escoria ladrona”– con el que se sentó el precedente que estableció la rectoría del estado en el desarrollo del país. Así, con la expropiación petrolera de 1938 y la eléctrica en los años sesenta, México estableció su soberanía sobre sus recursos naturales. Siguiendo el mismo sendero, durante las décadas de la posguerra mundial, el Estado permitió, por primera vez en la atribulada historia del país, una mayor transferencia del valor de la actividad económica a los bolsillos de los trabajadores. En congruencia, desarrolló un vigoroso Estado de bienestar con dignos sistemas de salud, educación pública básica y de vivienda social. A pesar del contexto irremediable de existir situado en la médula de la influencia estadounidense, México impuso un claro límite al imperialismo del vecino, negándose, por ejemplo, a romper relaciones con Cuba, apoyándola en lo posible y situándose en la vanguardia de los países periféricos. Como resultado, el país disfrutó de una gran mejoría en toda la gama de indicadores sociales, aunque no así de democracia, que era categóricamente negada por el monolítico gobierno de partido único, que aunque nacionalista, era autoritario en toda regla.
Despojo y secuestro
Al final de los setenta, el panorama cambió radicalmente cuando el sistema capitalista global decidió terminar con la recuperación de la posguerra, reemplazando el paradigma fordista-keynesiano de demanda por la voracidad ofertista neoliberal. El fin concreto fue dar marcha atrás, eliminando el desarrollo social, para beneficiar al valor de los inversionistas institucionales de los mercados financieros, los verdaderos dueños del mundo. En reacción, la escoria ladrona optó por adoptar con inusitado entusiasmo todas las recetas planteadas por el binomio de Bretton Woods, –FMI y BM– las armas de destrucción masiva del Consenso de Washington. De esa forma, en tres décadas la escoria ladrona se ha dedicado con fervor y saña a depredar los recursos naturales, depauperar a la población, privatizar los bienes públicos, incluyendo a los esenciales para la vida, entregar la soberanía alimentaria y convertir a México en un páramo en llamas, al que, en pleno acuerdo con sus tutores extranjeros, la escoria le ha impuesto el papel de proveedor de recursos naturales y de mano de obra a precios de “moderno trabajo esclavo”. Es decir, lo ha condenado a ser una reserva adiposa de recursos para Estados Unidos, al que cada vez más se le intenta someter de manera pretendidamente irreversible con acuerdos negociados de manera sigilosa, como la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte y el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica.
Desde luego, el trasiego de paradigmas keynesiano a neoliberal es un fenómeno global del sistema mundo capitalista que ha golpeado a todos los países iberoamericanos y del mundo entero. Empero, a diferencia de otras latitudes, en México la reacción social ha sido casi nula, lo que ha permitido que el saqueo y descomposición social devinieran en un estado de anomia, el caos social como consecuencia de la incongruencia de las normas de convivencia, al vivir en un clima de permanente violación de toda la gama de derechos económicos, sociales, culturales, políticos y civiles, donde los perpetradores gozan de casi absoluta impunidad.
Baluarte sudamericano
En gran contraste, el imperio no ha logrado mantener su hegemonía en Sudamérica. El pretendido Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) se fue por la borda con la decidida oposición liderada por Brasil y Argentina. Y al margen de acuerdos regionales todavía no consolidados –y desde luego torpedeados por Estados Unidos– como Mercosur, Unasur y ALBA, Bolivia, Venezuela, Ecuador y en menor medida Uruguay, han puesto coto a las pretensiones imperiales y de sus transnacionales. Desde luego, el enemigo siempre está al acecho. Así, Colombia, Perú, Chile y en menor grado Paraguay, permanecen alineados con el imperio, con los tres primeros integrados junto con México a un acuerdo a la medida del interés geopolítico estadounidense, la Alianza del Pacífico, de corte netamente neoliberal y antagónica a la posición de quienes han rechazado la hegemonía de Estados Unidos.
En efecto, en la cuenca atlántica y en Bolivia, la oposición al Consenso y Post Consenso de Washington es firme. Después de décadas de neoliberalismo, Argentina llegó a la quiebra a principios de siglo, pero sus ciudadanos se movilizaron para remover a tres presidentes en cuestión de semanas. Una década después, a pesar de los ataques de los fondos buitre y de alta inflación, Argentina ha recuperado una buena dosis de rectoría del estado sobre la cosa pública, con una muy fuerte recuperación de la masa salarial. Brasil, después de sufrir décadas de saqueo, lleva una década también con políticas antagónicas a los dictados de Washington, con un modelo keynesiano centrado en la recuperación salarial y los programas de protección social. Aún así, los brasileños, a pesar de disfrutar en el último lustro de una fuerte recuperación de los salarios reales y de muy bajo desempleo, exigieron al gobierno de Rousseff –recién reelegido– mucha mayor prioridad a los problemas sociales en lugar de desperdiciar los recursos públicos en torneos internacionales de fútbol; un suceso inusitado en un país en el que dicho deporte es casi religión. En Bolivia, los pueblos originarios han logrado nombrar y reelegir a Evo Morales, uno de los suyos, removiendo del poder a su escoria ladrona, comenzando por su rebelión ante las políticas imperialistas que pretendían erradicar a la producción de coca, afianzando la rectoría del estado, al estatizar a los hidrocarburos, y pactando una nueva constitución. En Venezuela, la contrarrevolución al Consenso de Washington también comenzó por establecer un nuevo pacto constitucional, y a pesar de la fuerte intervención imperial para quebrar su economía, el pueblo mayoritario no ha caído en la trampa y sigue apoyando a la revolución bolivariana aún después de la muerte de su impulsor y de los errores de sus herederos. En Ecuador, los ciudadanos también optaron por elegir a un gobierno con visión económica de apoyo a la demanda y desarrollo endógeno que fortaleciera a los salarios reales, la educación y la seguridad social, nuevamente sustentando el cambio radical en la promulgación de una nueva constitución.
Estos pueblos hermanos tienen claro que no hay porvenir digno si se cede a sus escorias ladronas empeñadas en mantener la vieja relación neocolonial centro-periferia, donde actúan como agentes del capital internacional a cambio de una jugosa tajada. Todo esto es posible porque las ciudadanías de estos países están mucho más politizadas que la mexicana, se han vuelto demandantes y vigilantes permanentes de la cosa pública y han sido capaces de exigir y materializar elecciones no sólo legales sino legítimas. Empero, sobre todo creen en ellas como dignas acreedoras de toda la gama de derechos propios de la democracia real. Este es el catalizador que las indigna lo suficiente para ambicionar la construcción de sociedades justas de las que puedan enorgullecerse, tomando la iniciativa y viéndose a sí mismos, los ciudadanos de a pie, como los únicos posibles agentes y garantes del cambio. Por consiguiente, entienden a la lucha por sus derechos como una responsabilidad ciudadana permanente.
Retraso político mexicano
En México, en cambio, el nivel de consciencia social y movilización todavía sigue siendo muy limitado y rudimentario. Los salarios reales de todos los mexicanos llevan tres décadas de consistente y deliberada pauperización, estancados en un nivel en el que cerca del 90% de los salarios no pueden adquirir la canasta básica indispensable, lo que los convierte categóricamente en salarios de servidumbre humana. De tal suerte que la CEPAL recientemente situó a los salarios en México cerca de ser los más bajos de todo Iberoamérica, con el segundo peor crecimiento desde 2005.1 Así mismo, aplicando a raja tabla el Consenso de Washington, la escoria ladrona lleva décadas aplicando contrarreformas neoliberales en todos los ámbitos de la cosa pública: fiscal, laboral, educativo, salud, pensiones, agrario, entre otros, y, finalmente, en la joya de la corona, privatizando el sector energético y entregándolo al capital internacional. En 2000, después de setenta años, arribó al poder una franquicia partidista diferente al PRI. Mas nada cambió pues su política fue continuar consolidando la entrega del país. Dicha política quedó confirmada con el burdo fraude electoral de 2006 a una oferta política que no garantizaba ceñirse al pie de la letra a la receta neoliberal de sometimiento. El suceso exhibió con diáfana transparencia que la transición a la democracia era una parodia. Se hizo evidente que los poderes fácticos de la metrópoli y la escoria doméstica estaban dispuestos a mantener a sangre y fuego a sus agentes (country managers) empeñados en consolidar, profundizando al máximo, el saqueo del país. Así las cosas, ante la inusitada oposición por la vía electoral, la escoria y sus tutores decidieron curarse en salud. De tal forma que en previsión de una posible reacción social más allá de lo electoral –y en pleno acuerdo con los intereses de sus tutores imperiales, la escoria ha desatado una política de represión social, de recrudecida guerra de baja intensidad, bajo el eufemismo de guerra al narcotráfico, a pesar de que desde hace tiempo es muy evidente su colusión, cada vez más escandalosa, con los cárteles del narcotráfico y de la hipócrita ausencia de un política estadounidense para combatir seriamente o legalizar el consumo de drogas de sus ciudadanos. De esa forma, en 2012, el fraude electoral ya estaba garantizado. Con ello, Peña Nieto, cuya única fama es por su autoría intelectual de la salvaje represión de Atenco –que dejó un saldo de al menos dos muertos y cientos de heridos– tomó el poder con las condiciones aseguradas en el congreso para consolidar a fondo las reformas neoliberales de saqueo, con el sector energético como primera prioridad.
1. CEPAL: 2013, Balance Preliminar de las Economías De América Latina y el Caribe, Enero de 2014.
A pesar de todo ello, si bien el nivel de conciencia y protesta social en México ha crecido, la cultura política es incipiente, por lo que la enorme mayoría ha optado por seguir apostando por la vía electoral y las protestas pacíficas de calle: marchas, plantones y bloqueos de vías públicas. A pesar de los descarados y burdos fraudes electorales que hacen evidente de forma abrumadora que la vía electoral está absolutamente cancelada mientras la escoria ladrona siga detentando el poder, una gran mayoría está reticente a imaginar otros escenarios pacíficos pensados estratégicamente para romper con la dictadura disfrazada que padece el país. La todavía primaria cultura política y la enorme manipulación mediática, deliberadamente paralizadora y polarizadora, impiden que una mayoría considere seriamente otras ideas y propuestas que se aparten de los mismos cauces impuestos por la escoria para legitimarse a sí misma. Igualmente, López Obrador, el único candidato opositor, dos veces descaradamente defraudado y el único actor con todavía cierto poder de convocatoria, privilegia su interés privado de llegar al poder por la vía electoral y se niega a cualquier otro escenario por más pacífico y legal que sea. Resulta realmente sorprendente su obstinación, que sólo puede explicarse como extrema ingenuidad. Además, su postura provoca que se desperdicie una gran energía ciudadana que debe sumarse al movimiento de liberación nacional, beneficiando así, paradójicamente, a la escoria ladrona.
Así las cosas, hasta hace unas semanas, el nivel de indignación y de ambición no parecían ser suficientes para que la movilización social no fuera más allá de la comodina opción de acudir a votar a las urnas y desfilar por las calles protestando. La escoria ladrona hasta hace muy poco debió sentirse muy cómoda y orgullosa de su buen trabajo de paralización, sonriendo cada vez que miraba las calles repletas de ciudadanos protestando y exigiendo que cambiase su proceder; un claro indicador de que quienes protestaban todavía creían ingenuamente que el gobierno llegó al poder para hacer el bien y no para materializar sus muy privados intereses a expensas de la enorme mayoría, y que éste nunca ha tenido el menor interés en procurar el bien común, ni sabe cómo ni le interesa enterarse.
Situación Límite
No obstante, las cavernícolas masacres de Tlatlaya y Ayotzinapa han impresionado a la opinión publica mundial y han exhibido al estado mafioso que tiene secuestrado al país en toda su brutal crudeza. Esto parece haber por fin impactado a la ciudadanía y actuado como catalizador de la debida reflexión e indignación. Por fin una gran mayoría se ha percatado de que el país ha llegado a una situación límite, de la que ha colegido que sería muy ingenuo esperar que las “autoridades” cumplan con sus obligaciones, cuando es evidente que están total y absolutamente coludidas criminalmente –entre sí y con el crimen organizado– y que son principales actores de toda la gama de crímenes que padece el país, posible sólo por el muy evidente pacto de impunidad. Esto también ha provocado que, al menos retóricamente, los principales e interesados apologistas extranjeros se sintieran obligados a deplorar a la escoria ladrona mexicana.
Al mismo tiempo, el ciudadano de a pie ha reaccionado, escandalizado, convocando a una multitudinaria ola de protestas que se han sucedido por todo el territorio y en muchos países. En la nueva y más detenida reflexión de los mexicanos, surge el sentimiento de cansancio, agotamiento y hartazgo, expresado de mil maneras, sobre la gestión de toda la cosa pública. En esta reflexión ya no domina la demanda y la exigencia sino el oprobio a la escoria y los llamados a tomar la iniciativa.
Un elemento de lucha, el paro nacional de labores, que hasta hace un año era un concepto incipiente en la idiosincrasia mexicana, de pronto se ha puesto en boca de un gran sector ciudadano, que convocaba a organizarlo de inmediato. A lo largo de todo el año el paro nacional se comentó con consistente frecuencia en las redes sociales. Pero era evidente que la mayoría no deseaba abandonar su zona de confort y hacer ningún sacrificio más allá de las tradicionales protestas callejeras, empeñándose entonces en apostar por la vía electoral en una especie de negación de la realidad. Sencillamente no quería abandonar su zona de confort y tomar ningún grado de riesgo, aunque el beneficio evidente fuese enorme, liberando al país del secuestro en que se encuentra, y a pesar de la constante erosión de su nivel de confort al que se aferraba, en calidad de vida material, social y en la protección de las garantías individuales más elementales: el respeto a la integridad física, mental y espiritual. Empero, las masacres de Tlatlaya y Ayotzinapa dieron al traste con la obnubilación ciudadana. Una gran franja mayoritaria ciudadana se percató de que México se encuentra en una situación límite, en la que el porvenir como sociedad digna y justa ha sido deliberadamente cancelado por el secuestro perpetrado por la escoria y sus tutores extranjeros y que el riesgo y costo de no hacer nada más de lo ya evidenciado mil veces como infructuoso, es mil veces mayor que la alternativa de adoptar otros escenarios que requieren de verdadero sacrificio y lucha. De tal suerte que días antes del 20 de noviembre, aniversario de la ya muerta revolución mexicana, se convocaron a muchos paros que no podían ser mas que al vapor, puesto que no existe la debida estructura organizativa ni los recursos indispensables para el verdadero paro. Así, la tres grandes marchas de la ciudad de México y algunas en otras ciudades fueron convocados por muchos como “Paro Nacional” aunque eran más de lo mismo, parando simbólicamente porque no acudieron al trabajo o a la escuela. Como argumenta con toda razón Tomás Mojarro en Mis Valedores, al poder popular, las marchas son la forma de protesta más básica; es lo mismo que desfilar y desde luego no hace mella en los poderes fácticos que se pitorrean a placer.
Sin embargo, a partir de ese parte aguas, la postura cambió radicalmente y en lugar de exigirle a la escoria que cumpliera con sus responsabilidades, la exigencia predominante fue la renuncia de Peña Nieto o de todo su “gobierno” y se quemó simbólicamente la efigie del primero. Esta nueva postura ciudadana marca un hito en México. No recuerdo registro alguno de una postura tan atrevida, en la que, respecto a las masacres, se culpe directamente al gobierno como principal responsable –fue el estado– y se exija su renuncia.
Boicot económico y de consumo (Paro Nacional) como el agente liberador del secuestro del país
Evidentemente, el gran moméntum de la indignación mexicana tiene que ir in crescendo o se disolverá. Muchos sectores se han percatado de ello y afirman que esto apenas comienza. Empero, la reacción, aunque tiene que estar cuidadosamente razonada y conducida de manera audaz y a la vez con gran delicadeza, es urgente. De lo que debemos colegir que todo depende de que el esfuerzo de todos consiga que el amplio abanico de análisis, visiones e imaginaciones sobre el camino a seguir tiene que convergir en un sólo plan de liberación nacional de la garras de la escoria y sus tutores, que además están constantemente asediando, reprimiendo y buscando la divergencia.
Así las cosas, el verdadero Paro Nacional emerge como el único escenario capaz de remover del poder a la escoria ladrona de forma legal, legítima, pacífica y segura. Legal porque no viola ninguna ley ni daña el derecho de terceros a laborar, transitar o consumir. Legítima porque una de nuestras garantías individuales es la libertad que nos da el derecho a decidir no acudir al lugar de trabajo, a la escuela o a ningún lado y simplemente quedarnos en casa. Pacífica porque no hay posibilidad de ningún tipo de violencia si el Paro se ejerce permaneciendo en casa. Segura, porque le cancelamos a la escoria cualquier oportunidad de represión al, nuevamente, quedarnos en casa.
El Paro Nacional es el factor de fuerza, el músculo del demos sustentado en el golpe a la economía de la escoria, al suspender la actividad productiva y de consumo. No obstante, el Paro es sólo un elemento en el plan de liberación nacional, porque éste requiere planeación, estrategia, recursos y estructura organizativa, para antes y después de ejercer el paro, ya que liberar al país requiere imaginar un nuevo pacto social que dará razón de ser a la nueva república, la cuarta, que nos vemos obligados a construir de las cenizas que quedan de la actual. El trazo del sendero a seguir no es una cosa compleja sino de sentido común. Si la exigencia esencial del Paro es la renuncia del gobierno ilegítimo encaramado en el poder –en sus tres poderes federativos, entonces requerimos prepararnos de antemano para tener listo a un gobierno interino que tome posesión durante la transición hacia la nueva república, lo cual requiere organizar de antemano a una convención ad hoc que lo nombre democráticamente. Así mismo, requerimos de otra convención encargada de lograr el nuevo pacto social, que permitirá convocar a elecciones que darán fruto al nuevo gobierno responsable de ejercer el nuevo marco constitucional.
Este texto no es el lugar para abordar de lleno el diseño de toda la hoja de ruta a seguir para liberar al país, pero a grandes rasgos el plan de liberación puede imaginarse requiriendo al menos ocho pasos: formación de células ciudadanas generadoras de la masa critica; ejecución del Paro Nacional; realización de la Convención/Asamblea Nacional Republicana; institución del Gobierno Interino de Transición; Realización de la Convención Nacional Constituyente; convocatoria a primeras Elecciones Generales de la Cuarta República; toma de posesión del Gobierno Constituido; aplicación de las políticas que emanen del nuevo Marco Constitucional.2
Una rápida reflexión nos permite colegir que todo comienza con la formación de células ciudadanas, como factor fundamental, sine qua non, para la materialización del Plan de Liberación Nacional. Ellas son el demos organizado que provee el músculo necesario parar asestar el debido golpe económico durante las una o dos semanas que se estiman necesarias para forzar la renuncia de la escoria. Ellas son también el cemento necesario para dar cohesión al movimiento. Es decir, lo amalgaman a partir de que su razón de ser comparte el mismo fin que es ejercer el paro para liberar al país y participar en todo el proceso constituyente de la nueva república. Nacieron expresamente para eso, compartiendo exactamente el mismo ideal y objetivo puntual. En consecuencia, la urgencia ciudadana para ir in crescendo tiene que concentrar toda su energía en ejercer el compromiso de cada uno de crear su propia célula, por pequeña que sea, comprometida con ejercer el paro y pactar el nuevo contrato social. De no comprometemos de inmediato a crear las células no habrá absolutamente nada qué hacer.
Es menester aclarar que dadas las circunstancias presentes y el ambicioso cometido planteado, sería utópico pensar que el movimiento de liberación nacional que emerge logre aglutinar a la enorme mayoría de mexicanos. Es claro que una franja minoritaria pero importante siempre defenderá el statu quo y que otra franja mayoritaria padece condiciones tan precarias que literalmente no podrá sumarse al paro pues todos los días al despertar ignora si podrá traer alimentos a su familia. Sin embargo, tengo la firme convicción de que una cuarta o quinta parte de la población económicamente activa y una mayoría de estudiantes sí se sumarán y ejercerán el boicot económico y de consumo, lo cuál, medido en términos de PIB, es suficiente para paralizar la economía y asestar un formidable golpe económico, con la fuerza suficiente para forzar la renuncia de la escoria ladrona y proceder a construir nuestra Cuarta República.
Sin el menor lugar a dudas, México vive la peor crisis política y social al menos desde el porfirismo. Mas también también no hay duda de que esta situación límite ha logrado por fin despertar a una mayoritaria franja ciudadana que rápidamente ha tomado consciencia de que es menester abordar la crisis de frente, so pena de cancelar para siempre el porvenir propio y de las generaciones futuras. Se ha producido una vertiginosa y enorme toma de consciencia de que el país está secuestrado por una caterva de facinerosos y cipayos, dispuestos a todo con tal de satisfacer sus más perversos intereses. Y, lo más importante, se palpa a flor de piel que estamos frente a un umbral sin retorno; el de la capitulación, en el que de cruzarse, ya no tendremos ninguna posibilidad de arrepentimiento. Es por ello que, al percatarse, el resorte más innato del espíritu humano, la indignación, se ha disparado en la ciudadanía y se encauza, en el mismo momento de escribir este texto, a organizar un verdadero movimiento nacional de rescate y reconstrucción.
*El autor es Director Ejecutivo de La Alianza Global Jus Semper y Asesor Experto sobre el tema salarial de la Global Initiative for Sustainability Ratings (Iniciativa Global para Indicadores del Sostenimiento)
2. La siguiente es una lista parcial de los materiales disponibles en la redes sociales preparados por la célula ciudadana a la que pertenezco, que ponemos a la disposición de todos: 1) México: Boicot Económico Laboral Estudiantil: <https://www.dropbox.com/s/a0p5y7zo1q9eweg/PresentationParo%2BBoicotOtono2014.pdf?dl=0>; 2) México: la hora del paro nacional: <https://www.youtube.com/watch?v=fTdy4D3-0Uk>; 3) Aclarando el Paro Nacional: < https://www.youtube.com/watch?v=eAjZknSP4P0>; 4) Contra los Paros Nacionales al Vapor: < https://www.youtube.com/watch?v=MLRAVKb2buw>; 5) México: Elementos Fundamentales del Nuevo Pacto Social: <http://jussemper.org/Otherjussemperissues/Mexico_Elementos_Fundamentales_del_Nuevo_Pacto_Social.pdf>
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